
Andan los ambientes liberales de Madrid encendidos con la subida de impuestos de Mariano Rajoy. "Estoy bastante perplejo", empieza un analista próximo (muy próximo) al PP. Pero en seguida le fluyen calificativos más contundentes. "No es que sea una medida contraria a la ideología del partido. Es que es un error de narices" (en realidad no dice narices).
"¿Cómo se puede decir que se es liberal con unos tipos del IRPF que son confiscatorios?", se pregunta otro académico.
Ni siquiera Alberto Recarte, consejero de Libertad Digital y uno de los pocos economistas liberales que antes de las elecciones consideraba inevitable el aumento de impuestos, ha ocultado su extrañeza. "Me parece una subida excesiva, en zonas como Cataluña pagan el 60% entre IRPF y Patrimonio", declaraba hace unos días en el programa de César Vidal. "¿Nos ha mentido Rajoy?", le preguntó éste. "Por supuesto", respondió Recarte sin titubear.
"La desviación del déficit estaba cantada", abunda el analista próximo al PP. "Rajoy la conocía, y la resistencia socialista a entregar cualquier avance de liquidación durante el supuesto traspaso ejemplar no hizo más que acrecentar sus recelos. Me consta", añade bajando teatralmente el tono para subrayar el carácter confidencial de la información, "me consta que Luis [de Guindos] se opuso. Esto ha sido cosa de Cristóbal [Montoro] y de [Javier] Arenas".
Su teoría es que la derecha española siempre ha tenido dos almas: una liberal y otra socialcristiana. "Ya cuando se hizo pública la composición del Gabinete quedó de relieve esta esquizofrenia en el área económica". Las credenciales liberales de Guindos son irreprochables, pero "Cristóbal siempre ha sido un socialdemócrata. Lo que pasa es que en los anteriores Ejecutivos populares había tenido el contrapeso de [José María] Aznar. Y está claro que Rajoy no es Aznar".
El académico, por su parte, niega que haya ninguna división en el Gobierno. "Son todos socialcristianos, con un par de destellos liberales", dice refiriéndose a Guindos y José Manuel Soria, el ministro de Industria. "Han hecho la típica reforma socialdemócrata. ¿Se imagina lo que estaríamos diciendo si esto se le hubiera ocurrido a [Alfredo Pérez] Rubalcaba?"
Hasta ahora lo habitual había sido que, en las grandes encrucijadas económicas de la historia, en la derecha española prevalecieran las posiciones liberales. Sucedió en 1959 con el Plan de Estabilización y sucedió en 1996 con el programa de convergencia de Aznar. "Pero esta vez Cristóbal ha impuesto su criterio", dice el analista próximo al PP. "Y luego han pesado mucho la inminencia de las autonómicas en Andalucía y la presión de Arenas, al que Rajoy, no lo olvidemos, debe la victoria en el congreso de Valencia".
"Yo me resisto a creer que todo esto se haya hecho con la mente puesta en las elecciones andaluzas", dice el académico, "pero la justificación de Montoro de que con estas medidas han descolocado al PSOE alienta las peores sospechas. Estamos haciendo pequeña política cuando lo que se necesita es sentido de Estado, mirarle a la gente a los ojos y decirle: 'Esto está de pena, tenemos que efectuar un ajuste de caballo y vamos a hacer de todo: bajar los sueldos, congelar las pensiones, subir el IRPF y el IVA…' Hay que crear sensación de emergencia económica, no alardear de que tienes desconcertada a la izquierda".
"Lo peor de todo es que me temo que la cosa no se va a quedar aquí", se lamenta el analista próximo al PP. "Rajoy también ha descartado el banco malo, que era lo más sensato. Y vamos a ver qué reforma laboral nos hacen".
"Este Gobierno no parece consciente de que el tiempo pasa y de que su credibilidad se deteriora a pasos agigantados", concluye el académico. "Igual se han confundido y se creían que esto era como en 1996 y que el mercado se iba a dar la vuelta en cuanto anunciaran las primeras decisiones. O igual están esperando a que pasen las andaluzas para meter la directa. O igual el arriolismo del PP [por Pedro Arriola, el sociólogo de cabecera de Rajoy, famoso por su aversión a cualquier estridencia] no es táctico, sino estratégico". Breve pausa. "Yo soy pesimista…"
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